Inventio
Vol. 21, núm. 55, 2025
doi: https://doi.org/10.30973/inventio/2025.21.55/1

El arte de Vidal-Quadras en Cuernavaca: historia de un retrato

The art of Vidal-Quadras in Cuernavaca: the story of a portrait

Araceli Barbosa Sánchez
orcid: 0000-0001-8787-439X, araceli_barbosa@uaem.mx
Facultad de Diseño (fd), Universidad Autónoma del Estado de Morelos (uaem)

resumen

Se plantea el hallazgo artístico de una obra del destacado pintor catalán Alejo Vidal-Quadras en Cuernavaca, quien en 1959 realizó el retrato de la famosa cantante Gloria Lasso. Esta obra resulta significativa ya que permite conocer tanto al artista como a la modelo. Vidal-Quadras obtuvo reconocimiento mundial por sus pinturas de personajes célebres. El retrato de Lasso no sólo refleja su esencia y belleza física, también posee el aura de su tiempo, un valor simbólico invaluable. Actualmente se encuentra en posesión de su hija, María José Lasso. La obra del autor y la aquí revisada constituye un descubrimiento que enriquece el contexto artístico y cultural en Morelos, así como puentes de reflexión respecto a las artes visuales.

palabras clave

Vidal-Quadras, Gloria Lasso, retrato, aura, Cuernavaca

abstract

The artistic finding of a work by the prominent catalan painter Alejo Vidal-quadras, in Cuernavaca, who, in 1959, made the portrait of the famous singer Gloria Lasso, is proposed. This work is significant since it allows us to get to know both the artist and the model. Vidal-Quadras gained worldwide recognition for his paintings of famous people. Lasso’s portrait not only reflects his essence and physical beauty, it also has the aura of his time of invaluable symbolic value. It is currently in the possession of his daughter María José Lasso. The author’s work and the one reviewed here constitute a discovery that enriches the artistic and cultural context in Morelos, as well as bridges for reflection regarding the visual arts.

key words

Vidal-Quadras, Gloria Lasso, portrait, aura, Cuernavaca



Recepción: 18/02/25. Aceptación: 16/06/25. Publicación: 14/05/26.



Cualquier retrato se sitúa en la confluencia de un sueño y una realidad.
Georges Perec

Un buen retrato es una biografía pintada.
Anatole France

Introducción

El hallazgo de un retrato de Gloria Lasso, realizado por el connotado pintor catalán Alejo Vidal-Quadras (Fondation Alejo Vidal-Quadras, 2020) y conservado en una residencia privada en Cuernavaca, representa una oportunidad para reflexionar acerca del valor del retrato como género artístico, así como sobre la relevancia de esta obra en el contexto cultural de esta ciudad.

Cuernavaca, conocida como la “ciudad de la eterna primavera”, ha sido hogar de numerosas figuras destacadas del ámbito artístico, político y científico. Entre ellas, la cantante franco-española Gloria Lasso, quien residió en la ciudad durante sus últimos años (entrevista con María José Lasso, 15 de diciembre de 2024), donde dejó una huella significativa en la vida cultural local.

El retrato que Vidal-Quadras realizó en 1959 constituye no sólo un testimonio de la presencia de Lasso en Cuernavaca, sino también una muestra del talento del artista en la representación de la figura humana. Esta obra permite explorar la relación entre el retrato como forma de memoria visual, la trayectoria de un pintor especializado en capturar la esencia de sus modelos y el concepto de aura propuesto por Walter Benjamin (2003), que otorga a las obras originales un valor único e irrepetible.

El retrato como forma de memoria cultural

Desde las civilizaciones antiguas hasta el arte contemporáneo, el retrato ha sido una herramienta fundamental para preservar la memoria individual y colectiva. En culturas como la egipcia, mesopotámica, maya, griega o romana, las representaciones de figuras humanas en relieves, frescos, esculturas o utensilios no sólo documentaban la apariencia de los individuos, sino también su estatus, función social y cosmovisión.

Durante el Renacimiento, el retrato adquirió una nueva dimensión gracias al desarrollo de la perspectiva, el estudio anatómico y la búsqueda de la mímesis. Los artistas comenzaron a representar a sus modelos con una fidelidad que trascendía lo físico, capturando emociones, carácter y jerarquía. En este contexto, el retrato se convirtió en un medio para proyectar poder, identidad y pertenencia, especialmente entre las élites europeas.

John Berger et al. (2001) señalan que, desde los inicios de la pintura al óleo, los retratos han servido para exhibir el estatus social de quienes los encargaban. Los elementos incluidos en estas obras —vestimenta, objetos, poses— no eran meramente decorativos, sino símbolos del capital económico, cultural y simbólico1 de las personas retratadas. Esta observación resulta clave para comprender el retrato de Gloria Lasso, ya que no se trata únicamente de una representación estética, sino de una construcción visual que comunica identidad, época y contexto. Berger también destaca cómo el lenguaje visual del retrato apela no sólo a la vista, sino al sentido del tacto, lo que produce una ilusión de presencia que intensifica la conexión entre espectador y modelo.

Asimismo, la relación que se establece entre el artista y el sujeto retratado deviene primordial en el proceso de creación e implica un diálogo silencioso en el que el pintor tiene que interpretar y representar la esencia de su modelo. Para lograr sus objetivos es condición sine qua non que el artista disponga de competencias basadas en el conocimiento de técnicas, texturas, colores y materiales, que varían según el estilo del creador o creadora, así como de la época en que se realiza la obra. Algunas personas dedicadas al género del retrato optan por una representación fiel de la realidad, mientras que otras prefieren una interpretación más subjetiva, abstracta o expresiva.

En esta perspectiva, el género del retrato en las artes visuales se encuentra en constante transformación, adaptándose a movimientos vanguardistas y nuevas tecnologías. Desde el arte moderno hasta el contemporáneo, los y las pintoras han experimentado con diferentes estilos y enfoques con el propósito de inmortalizar la esencia de una persona en una pintura, además de capturar el espacio-tiempo de una determinada época, contexto cultural e histórico, lo cual convierte una obra en única e irrepetible.

Alejo Vidal-Quadras: el retratista de la esencia

Alejo Vidal-Quadras Veiga (1919-1994) fue un artista cuya trayectoria se consolidó en torno al género del retrato, el cual alcanzó reconocimiento internacional por su capacidad para capturar no sólo la apariencia física, sino también la esencia emocional y simbólica de sus modelos. Nacido en Barcelona en el seno de una familia burguesa, su formación artística fue temprana y rigurosa, y fue influenciada por su entorno familiar y por el contacto con artistas consolidados, como su tío José María Vidal-Quadras, también retratista (Fondation Alejo Vidal-Quadras, 2020).

Desde sus primeros encargos en la juventud, Vidal-Quadras demostró una sensibilidad particular para representar a sus modelos con una mezcla de precisión técnica y profundidad psicológica. Su carrera se vio impulsada por retratos realizados para miembros de la aristocracia europea, como la condesa Isabel de Orleans y Braganza, y por la difusión mediática de su obra en revistas como Paris Match. A partir de entonces su clientela incluyó a figuras de la realeza, el arte, la política y la industria.

Entre las personas de la realeza que posaron para él se encuentran el rey Humberto ii de Italia y su hija, la princesa María Pía de Saboya; Wallis, duquesa de Windsor; la princesa Grace y el príncipe Rainiero de Mónaco; los reyes Sofía y Juan Carlos de España; el sha Reza Pahlavi y Farah Diba, y los reyes Hussein y Noor de Jordania. Los encargos provenían de la corte imperial de Irán y de las familias reales de España, Italia, Grecia, Austria, Jordania y Yugoslavia, así como de la familia ducal de Luxemburgo y la familia principesca de Mónaco (D. P., 2019).

De las figuras del mundo del entretenimiento, quedaron inmortalizadas por el pincel del artista estrellas como Anouk Aimée, Audrey Hepburn, Marilyn Monroe y Yul Brynner, así como otras personalidades influyentes que, al igual que la realeza, se hicieron retratar, como el industrial Gianni Agnelli, la socialité Gloria Guinness, el barón del acero Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza, los Rockefeller y la familia del magnate naviero Aristóteles Onassis.

En Brasil, Vidal-Quadras pintó a cuatro generaciones de una misma familia. En Argentina, realizó varios retratos de Amalia Lacroze, una prominente empresaria y filántropa conocida como la Dama del Cemento, y de Alfredo Fortabat, fundador de la compañía cementera Loma Negra y figura clave en el desarrollo de la industria cementera en ese país. Del ámbito musical pintó a sir Arthur Rubinstein, Maria Callas y Grace Jones. Asimismo, a Miguel Bosé, a quien dibujó de niño junto a Picasso durante una corrida de Dominguín en la plaza de toros de Fréjus. Mientras que, en el medio cultural, pintó al escritor Truman Capote cuando éste se encontraba de visita en España.

El estilo de Vidal-Quadras se caracteriza por una técnica refinada, un uso expresivo del color y una atención meticulosa al detalle. Si bien lo que lo distingue como lo más notable en su obra es su capacidad para establecer un vínculo íntimo con el modelo, lo que le permite representar no sólo un rostro, sino una biografía visual. Esta cualidad se manifiesta con particular fuerza en el retrato de Gloria Lasso, en el que confluyen la maestría técnica del artista, la presencia icónica de la cantante y el contexto histórico-cultural que ambos compartieron.

Figura 1
Retrato de Gloria Lasso

Retrato de Gloria Lasso, 1959, óleo, 99 x 79 cm.
Fuente: cortesía de María José Lasso.

Figura 2
Alejo Vidal-Quadras y Gloria Lasso

Fuente: cortesía de María José Lasso.

El retrato de Gloria Lasso y el aura de lo irrepetible

El retrato de Gloria Lasso, realizado por Vidal-Quadras en 1959, constituye una obra de gran valor artístico y simbólico. Conservada en la residencia de su hija en Cuernavaca (entrevista con María José Lasso, 15 de diciembre de 2024), esta obra permaneció durante años fuera del conocimiento público, apreciado únicamente en el ámbito íntimo de la familia. Su reciente revalorización permite no sólo recuperar una pieza significativa del patrimonio cultural de la ciudad, sino también reflexionar acerca del papel del retrato como vehículo de memoria, identidad y presencia.

La cantante Gloria Lasso alcanzó fama internacional en las décadas de 1950 y 1960, por sus interpretaciones de boleros y canciones románticas. A lo largo de su carrera grabó más de tres mil canciones y cuatrocientos álbumes en varios idiomas y países. En Francia conquistó el éxito y su amiga Edith Piaf le sugirió que visitara México, país del que la intérprete se enamoró, tal como ella misma relata en su autobiografía El silencio roto (Lasso, 1982).

A través de sus giras internacionalizó canciones mexicanas en el viejo continente. En 1964 se trasladó a México, convirtiéndose en una figura popular en toda Latinoamérica. Durante las siguientes dos décadas ofreció recitales en numerosos teatros y centros nocturnos; asimismo, adoptó la nacionalidad mexicana.

La representación de Lasso en esta pintura de Vidal-Quadras es profundamente evocadora: aparece de medio cuerpo, ligeramente girada, con un vestido de seda escotado, de color rojo brillante, que resalta la blancura de su piel, y una estola vaporosa de la misma tela del vestido que se desliza por debajo de sus hombros. La expresión serena de su rostro, sus ojos oscuros y su postura elegante transmiten una mezcla de fuerza y vulnerabilidad. El fondo, compuesto por un cielo dinámico y una bahía lejana, añade profundidad y atmósfera, situando la figura en un espacio simbólico que trasciende lo meramente físico (figura 1).

Para comprender la singularidad de esta obra resulta pertinente recurrir al concepto de aura desarrollado por Walter Benjamin en La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (2003). Benjamin define el aura como “un entretejido muy especial de espacio y tiempo: el aparecimiento único de una lejanía, por más cercana que ésta pueda estar” (2003, p. 47). Esta noción alude a la autenticidad de la obra de arte, a su existencia irrepetible en un tiempo y lugar determinados, y a la experiencia única que propicia en el espectador.

En un mundo donde las imágenes se reproducen y hacen circular masivamente, el aura se ve amenazada por la pérdida de la unicidad. Sin embargo, en el caso del retrato de Lasso, la obra conserva su carácter aurático precisamente por su condición de original, por su permanencia material y por la historia que evoca.

No se trata sólo de una imagen, sino de un objeto que ha atravesado el tiempo, que ha sido testigo de una vida y que mantiene una conexión directa con el momento de su creación. En este sentido, el retrato funciona como una cápsula del tiempo, un testimonio visual que vincula el pasado con el presente.

La pintura de Vidal-Quadras no sólo representa a Lasso como figura pública, sino que revela aspectos más íntimos de su identidad: su elegancia, su carisma, su presencia escénica. La mirada del artista penetra más allá de la superficie, capturando lo que Benjamin denomina quintaesencia de la obra: su origen, su autenticidad, su valor como testimonio histórico (Benjamin, 2003, pp. 42, 44). Así, el retrato se convierte en un objeto de contemplación que permite al espectador experimentar una forma de presencia ausente, una evocación sensible de lo que fue.

La condición sui generis del retrato se manifiesta no sólo en la representación fiel de Lasso, sino en la habilidad de Vidal-Quadras para capturar el espíritu cultural de una época, a la vez que refuerza su valor como testimonio del legado tanto del artista como de la modelo. En este contexto, el aura no desaparece, sino que se resignifica. En una era dominada por la inmediatez digital, el aura adquiere un nuevo sentido: se convierte en una forma de resistencia frente a la banalización de la experiencia estética, en una invitación a reconectar con la profundidad, la memoria y la autenticidad. El retrato de Lasso, entonces, no sólo sobrevive como objeto estético, sino que persiste como experiencia viva, como encuentro irrepetible entre el arte, la historia, la emoción y la memoria visual (figura 2).

Conclusión: el retrato como puente entre tiempo y memorias

El retrato de Gloria Lasso realizado por Vidal-Quadras posee valor artístico no únicamente como obra de arte de gran calidad técnica y estética, sino también como documento visual que articula múltiples dimensiones: la trayectoria de un artista consagrado (Fondation Alejo Vidal-Quadras, 2020), la figura de una cantante emblemática y el contexto cultural de una ciudad como Cuernavaca, que ha sido lugar de residencia de numerosas personalidades del ámbito artístico e intelectual.

A través de esta obra se hace evidente cómo el retrato puede funcionar como un puente entre el pasado y el presente, entre lo íntimo y lo público, entre la imagen y la memoria. La teoría del aura de Benjamin permite comprender la relevancia de esta pintura no sólo como objeto artístico, sino como testimonio irrepetible de una época, una persona y una sensibilidad. En un mundo saturado de imágenes reproducidas, el valor de lo auténtico, de lo único,ccobra una nueva dimensión.

Asimismo, la reflexión de John Berger acerca del retrato como medio para exhibir estatus y construir identidad se ve confirmada en esta obra. El retrato de Lasso, además de comunicar su belleza y elegancia, expresa al mismo tiempo el imaginario cultural de su época. La pintura, al igual que la música que Lasso interpretaba, se convierte en una forma de permanencia, en una biografía visual que trasciende la muerte.

Finalmente, el redescubrimiento de esta obra en Cuernavaca invita a repensar el valor del patrimonio artístico local. Muchas veces algunas piezas artísticas de gran relevancia permanecen ocultas en espacios privados, sin que se reconozca su potencial para enriquecer la memoria colectiva. Dar visibilidad a estas obras no sólo honra a sus creadores y protagonistas, sino que fortalece el tejido cultural de las comunidades que las resguardan.



Notas

1 Las pinturas connotan el capital simbólico de los personajes. Éste refiere a cualquier atributo, como la fuerza física, el valor, la belleza, la competencia o la solvencia, que adquiere valor en la medida en que es reconocido por los demás. Su eficacia simbólica radica en que responde a expectativas colectivas socialmente construidas. No tiene una existencia tangible, sino un valor efectivo basado en el reconocimiento de su poder por parte de otros. Además, los valores simbólicos funcionan dentro de un campo de acción específico, definido como un espacio social e influyente donde convergen relaciones sociales determinadas (Bourdieu, 1997, pp. 171-172).



Referencias

Benjamin, W. (2003). La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. Itaca.

Berger, J., Blomberg, S., Fox, C., Dibb, M. y Hollis, R. (2001). Modos de ver. Gustavo Gili, 6ª ed. https://podereimagenblog.wordpress.com/wp-content/uploads/2019/03/bergermodos-de-ver.pdf

Bourdieu, P. (1997). Razones prácticas. Sobre la teoría de la acción. Anagrama. https://epistemh.pbworks.com/f/9.+Bourdieu+Razones+Pr%C3%A1cticas.pdf

D. P. (29 de abril de 2019). La apasionante vida del pintor que retrató a Grace Kelly, a don Juan Carlos y doña Sofía jóvenes, y a Marilyn por última vez. Vanity Fair, sp. https://www.revistavanityfair.es/poder/articulos/alejo-vidal-quadras-pintor-marilyn-monroeretrato/32844

Fondation Alejo Vidal-Quadras (2020). A Fundação Alejo Vidal-Quadras. Fondation Alejo Vidal-Quadras, sp. https://www.alejovidalquadras.com/a-fundacao-alejo-vidal-quadras/

Lasso, G. (1982). El silencio roto. Grijalbo.

Entrevista

Lasso, M. J. (15 de diciembre de 2024). Domicilio de la autora. Cuernavaca, Morelos.