Encinares de la Sierra de Huautla, un ecosistema desconocido en Morelos

Encinares de la Sierra de Huautla, un ecosistema desconocido en Morelos

Leticia Valencia


Introducción

La Reserva de la Biosfera Sierra de Huautla (rebiosh), decretada en 1996 como Patrimonio de la Humanidad por la unesco, es un área natural protegida de 59 030 ha que incluye seis municipios del sur del estado de Morelos (Dorado et al., 2005). Esta región representa un reservorio de biodiversidad, pues alberga un número importante de especies vegetales y animales. Por ejemplo, en la rebiosh se ha registrado la existencia de 939 especies de plantas vasculares nativas (Dorado et al., 2005, p. 27), 66 especies de mamíferos, 180 especies de aves (Sánchez-Hernández & Romero, 1992), 63 especies de reptiles, once especies de anfibios y ocho especies de peces (Aguilar, Dorado, Arias, Castro & Alcaraz, 2013, p. 123). En términos de operación, el área de la rebiosh está dividida por el río Amacuzac en dos unidades: hacia el oriente se ubica la unidad de Sierra de Huautla, conformada predominantemente por ejidos de selva baja caducifolia (sbc), y hacia el occidente, la unidad de Cerro Frío, en donde predomina el bosque de encino (be) y algunos individuos de pino (Sánchez-Hernández & Romero, 1992).

A la fecha, la mayoría de los proyectos de investigación que se han llevado a cabo en la rebiosh han sido en la sbc, probablemente debido a que es el principal tipo de ecosistema terrestre en la región y que la Sierra de Huautla se considera el último reducto de sbc conservada en Morelos. En contraste, la zona templada y en donde se incluyen los be ha sido me-nos estudiada, aun cuando está representada por 1 695.7 ha en buen estado de conservación y 227.9 ha con algún grado de perturbación (Dorado et al., 2005, p. 57).

Biodiversidad e importancia de los encinares

Los encinos o robles (género Quercus) constituyen uno de los grupos de árboles y arbustos más importantes, en términos económicos y ecológicos, de las zonas templadas del hemisferio norte (Nixon, 1992). Pero no sólo se encuentran en éstas, también existen especies en regiones tropicales, subtropicales e incluso en hábitats más secos (Valencia, 2004). Los encinares se reconocen por sus hojas duras, sus flores masculinas agregadas en estructuras colgantes llamadas amentos y porque sus frutos (bellotas) son nueces caracterizadas por tener una cúpula revestida con escamas en su parte basal (figura 1) (Espinosa, 2001, p. 81). La mayoría de las especies de encino son árboles de madera dura que alcanzan alturas de 15 a 60 m; sin embargo, también existen algunas especies arbustivas que miden entre 0.5 y 3 m. Algunas especies son caducifolias, es decir, pierden la mayoría de sus hojas durante una época del año, mientras que otras permanecen con hojas durante todo el año (son perennifolias) (Valencia, 1995).

Figura 1
Especie de encino rojo (Quercus castanea Née) con fruto (bellota), que es uno de los caracteres distintivos del género Quercus

A nivel mundial, el género Quercus está integrado por 531 especies (Govaerts & Frodin, 1998). En particular, México alberga 161 especies, de las cuales el 67.7% (109 especies) se consideran endémicas (Valencia, 2004, pp. 33-53). Por lo anterior, México es uno de los principales centros de diversificación para el género, lo cual está estrechamente relacionado con su orografía, clima e historia geológica (Rzedowski, 1978). Para el estado de Morelos se han re-gistrado nueve especies (Valencia, 2004, pp. 33-53).

Los betienen un valor ecológico importante, ya que intervienen en la captación de agua y formación de suelo (Romero & Rojas, 2009), además de contribuir al mantenimiento de la biodiversidad, al establecer una gran diversidad de interacciones ecológicas con hongos, plantas epífitas, animales vertebrados e invertebrados (Sáenz Jiménez, 2010). Por ejemplo, algunos estudios han documentado que la diversidad genética de distintas especies de encino tiene efectos positivos en la diversidad de sus comunidades de insectos (Valencia-Cuevas et al., 2017) y líquenes asociados (Melhado-Carboney, 2016). Esto se debe a que una mayor diversidad genética promueve una mayor oferta de recursos y condiciones que pueden utilizar las especies que habitan en los be. La capacidad de algunas especies de encino de crear condiciones ambientales estables y ofrecer recursos para otras especies, así como su importante papel en la modulación y estabilización de los procesos del ecosistema (Dayton, 1972) ha llevado a que sean propuestas como candidatas a ser especies fundadoras (Tovar-Sánchez et al., 2013), aunado a su amplitud de distribución geográfica, dominancia y diversidad de flora y fauna asociada. Por lo anterior, se ha sugerido que las especies de encinos contribuyen de manera significativa al mantenimiento de la biodiversidad en los bosques templados donde se distribuyen.

Desde el punto de vista antropogénico, varias especies de encino tienen importancia económica por la calidad de su madera, dado que ésta es durable, resistente y versátil en el acabado (Romero & Rojas, 2009). De hecho, se estima que en México la madera de encino ocupa el segundo lugar de aprovechamiento, después del pino (Corona, 2011). Por otro lado, su corteza, follaje y frutos constituyen recursos no maderables utilizados por diversas comunidades humanas por su valor nutrimental y medicinal (Romero-Rangel, Rojas-Zenteno & Rubio-Licona, 2015). Finalmente, diversas comunidades rurales en México utilizan diferentes especies de encino como combustible (leña y carbón) para realizar sus actividades diarias (Luna-José, Montalvo-Espinosa & Rendón-Aguilar, 2003).

Situación actual y amenazas

Desafortunadamente, los be en México se encuentran amenazados por el cambio de uso de suelo, las prácticas de manejo inadecuadas y el cambio ambiental. Por ejemplo, se calcula que México tuvo una pérdida de 260 mil hectáreas de bosques y selvas por año durante el periodo 2000-2005 a causa de la deforestación con fines de uso de suelo para urbanización, infraestructura, prácticas agrícolas o ganaderas (conafor, 2005). Por lo anterior, es de esperarse que los be presenten diferentes grados de deterioro o, en el peor de los casos, que estén desapareciendo.

Para ilustrar lo anterior se tiene el reporte de que, en 1973, el sur de la Ciudad de México albergaba una extensión de 12 855 ha de be. Para el año 2000 sólo quedaban 3956 ha de este tipo de vegetación, lo que supone una pérdida de casi el 70% (Sorani, 2003). Esta tendencia compromete la calidad y cantidad de los servicios ambientales que prestan los ecosistemas de be, así como la biodiversidad de organismos que habitan en este tipo de bosque. Por otro lado, se ha sugerido que las zonas templadas donde se distribuyen los encinares también se verán afectadas por el incremento de 2 a 3 °C en la temperatura que ha sido pronosticada para los próximos años (ipcc, 2007). En este contexto, la aplicación de modelos climáticos para analizar la vulnerabilidad de los ecosistemas en México ha mostrado que los bosques de coníferas y encinos estarían entre los tipos de vegetación más afectados por el cambio climático (Viller-Ruiz & Trejo-Vázquez, 1997; Galicia, 2014). Una de las consecuencias de este cambio ambiental podría ser el desplazamiento de especies de plantas a elevaciones mayores en busca de las condiciones ambientales a las que estaban adaptadas. Evidencias de que estos cambios en la distribución de las especies de plantas están ocurriendo ya han sido reportadas en bosques templados en Alaska (Lloyd & Fastie, 2003), en Escandinava (Kullman, 2002) y en la región mediterránea (Peñuelas & Boada, 2003).

Otra amenaza para los be son los agentes patógenos. Por ejemplo, se ha documentado que Apiognomonia quercina, conocido comúnmente como tizón, es un patógeno que debilita los árboles de encino. Asimismo, se sabe que el hongo Biscogniauxia atropunctata puede causarles la muerte y que la palomilla Evita sp. puede provocarles severas defoliaciones (Martínez, 2008).

Aunado a lo anterior, se ha documentado que el porcentaje de germinación que tienen las bellotas en condiciones naturales es generalmente bajo por la falta de sombra y humedad, además de que sufren de depredación por aves y mamíferos pequeños (Martínez, 2008). Además, se sabe que una de las principales causas de la escasa regeneración natural de las poblaciones de encino es la alta tasa de mortalidad en la fase de plántulas, lo que compromete el éxito de las etapas posteriores en su ciclo de vida (Bonfil-Sanders, 1998). Estas dificultades indican que los be son ecosistemas especialmente vulnerables (Cabrera-García, Mendoza-Hernández, Peña-Flores, Bonfil & Soberón, 1998).

¿Qué sabemos de los encinares de la rebiosh?

La región de Cerro Frío presenta un gradiente altitudinal entre 1000 y 2280 msnm (perfil Cerro Frío-Tilzapotla) (Dorado et al., 2005, p. 25). Esta región pertenece a la Sierra Madre del Sur y forma parte del extremo norte de la Sierra de Huitzuco, por lo que su topografía es accidentada, con la presencia de cañadas y cañones. En esta zona se presenta una transición de vegetación entre el tipo sbc y el be (Rzedowski, 1978). La sbc está distribuida entre los 1200 y 1800 msnm, mientras que el be se encuentra a una altitud máxima de 2280 msnm, siendo el tipo de vegetación característico del territorio de Cerro Frío (figura 2), el cual presenta un clima templado (Miranda & Hernández-X, 1963).

Figura 2
Zona de encinar en la región de Cerro Frío en la rebiosh

Dorado et al. (2005, p. 27) mencionan que en las partes bajas expuestas se observa un encinar relictual de Quercus magnoliifolia Née, así como encinares secos, que podrían considerarse relictos de bosque mesófilo. En este estudio sólo se reporta la presencia de tres especies de encino en la zona: Q. conspersa Benth., Q. glaucoides Mart. et Galeotti y Q. magnoliifolia. Coexistiendo con los encinos destaca la presencia de cedro (Juniperus flaccida) y aguachil (Nectandra salicifolia), que producen una cubierta vegetal verde y con follaje durante gran parte del año.

Como se mencionó anteriormente, los estudios florísticos y faunísticos que se han realizado en la rebiosh se han concentrado en la zona de la sbc. Por tal motivo, la biodiversidad asociada a los encinares de Cerro Frío es prácticamente desconocida. Una excepción es el estudio de Beltrán-Rodríguez (2007), en la comunidad rural de El Salto, ubicada en el municipio de Puente de Ixtla y perteneciente a la región antes mencionada. El autor reportó la existencia tres tipos de vegetación natural en esta zona: sbc, be y vegetación riparia. Asimismo, encontró que 78 especies vegetales estaban asociadas al be. En particular, reportó que las especies de encino presentes en esta zona son Q. castanea Née, Q. glaucoides y Q. magnoliifolia.

En este estudio también se reportó el uso que la gente le da a las especies de encino. Por ejemplo, las tres especies mencionadas se utilizan para la construcción de casas, para la elaboración de instrumentos de labranza y como combustible (leña y carbón). Asimismo, la corteza de Q. castanea es utilizada en infusión para el dolor de estómago, mientras que sus bellotas son utilizadas para alimentar el ganado porcino. Por otro lado, el follaje nuevo de Q. glaucoides se utiliza para el forrajeo del ganado vacuno. Sin embargo, en otras regiones del país las bellotas de encino son recursos empleados para complementar la alimentación humana, por su valor nutricional en términos de proteínas, lípidos y carbohidratos (Luna-José et al., 2003). No obstante, para las comunidades humanas que habitan en Cerro Frío no se ha reportado tal uso.

En el Programa de Conservación y Manejo de la rebiosh (Dorado et al., 2005, pp. 28-31) se incluye un listado de mamíferos, anfibios, reptiles y aves presentes en la reserva; sin embargo, no existe información específica para la zona de encinar y hasta la fecha no hay estudios que hayan abordado el tema. Por otro lado, en el mismo programa (Dorado et al., 2005, p. 13) se reconoce que la cubierta vegetal de los bosques de encino en la región occidente (Cerro Frío) contribuye con una serie de servicios ambientales para los habitantes del sur y sureste de Morelos, el norte de Guerrero y la cuenca de los ríos Mezcala y Balsas. Por ejemplo, se menciona que las aguas de uso de las comunidades que habitan en el pie de monte proceden de los escurrimientos superficiales y subterráneos que bajan de los macizos montañosos de la región. Sin embargo, hasta la fecha tampoco existen estudios que hayan evaluado la situación actual, amenazas o grado de conservación de los encinares de la zona, que sin duda determinan la persistencia de la calidad de los servicios ambientales que estos ecosistemas brindan.

Relevancia social de los encinares de la span rebiosh

El estudio de los encinares de la rebiosh también es relevante y necesario desde una perspectiva social. En esta zona existen varias comunidades rurales que históricamente han utilizado los recursos naturales que ofrecen estos ecosistemas (por ejemplo, madera, combustible, forraje), además de verse beneficiadas de los servicios ecosistémicos que brindan (regulación climática, balance hídrico, formadores de suelo) (Dorado et al., 2005, p. 63). Por lo tanto, generar conocimiento que contribuya a la conservación de los encinares de la rebiosh también puede tener repercusiones positivas para las poblaciones humanas. Por ejemplo, reconocer, estudiar y mantener los procesos que propician la biodiversidad en este ecosistema puede ayudar en la conservación de los recursos naturales y el mantenimiento del conocimiento tradicional, con la posibilidad de utilizarlo para obtener más y mejores satisfactores que pueden ser útiles para enfrentar las necesidades actuales y futuras de las poblaciones humanas poseedoras de estos recursos. Para ello es fundamental integrar a los habitantes de la región en las prácticas de manejo ambiental y crear espacios efectivos de comunicación.

En suma, estudiar los bosques de encino de la rebiosh no sólo es importante para entender la biología de las especies o los procesos ecológicos y evolutivos que favorecen la biodiversidad en este ecosistema; desarrollar este conocimiento e integrarlo en un contexto multidisciplinario puede contribuir a la implementación de estrategias adecuadas para su conservación, así como a la subsistencia y mejora de la calidad de vida de las poblaciones humanas de la región.

Conclusiones y perspectivas

Los be de la región de Cerro Frío en la rebiosh han sido poco explorados, lo que ha tenido como consecuencia el desconocimiento de la biodiversidad asociada a ellos y los factores que la determinan. Debido a que en esta región ocurre un gradiente altitudinal que promueve variación ambiental a una escala geográfica fina, principalmente en términos de temperatura y humedad, este escenario ofrece la oportunidad ideal para analizar las respuestas de las especies y de las comunidades a estos cambios.

En este escenario, la caracterización morfológica, genética, química y fenológica de las poblaciones de encino, así como de los factores ambientales a través del gradiente, pueden ser de utilidad para entender su distribución actual y obtener información valiosa para predecir sus respuestas bajo un escenario de cambio. Además, considerando que los encinares constituyen el hábitat de diversas especies a las que ofrecen los recursos y condiciones necesarios para su establecimiento, sobrevivencia y reproducción, estudiar las consecuencias de sus respuestas al cambio ambiental también puede ser útil para predecir los efectos de este proceso al nivel de sus comunidades asociadas.

Los temas que se habrán de abordar en lo que se refiere a la investigación científica en campo incluyen: a) patrones de diversidad de especies a través de gradientes ambientales, b) respuestas fisiológicas de las especies al cambio ambiental, c) mecanismos de defensa y calidad nutricional vegetal a través de gradientes ambientales, d) variación ambiental y su influencia en la estructura de las comunidades, e) diversidad y estructura genética de poblaciones vegetales en gradientes altitudinales, f) importancia relativa de la genética de especies fundadoras y el ambiente sobre la estructura de comunidades, g) interacciones bióticas, entre otros. Cabe mencionar que se están llevando a cabo estudios bajo esta perspectiva por parte de un grupo de trabajo liderado por la autora.

El reconocimiento de los factores que determinan la distribución y abundancia de las especies del género Quercus en esta zona natural protegida, así como de los patrones de diversidad que se expresan en el gradiente altitudinal mencionado, pueden ser información valiosa para proponer estrategias de manejo y conservación para los encinares de la zona. Finalmente, la difusión y aplicación del conocimiento obtenido no sólo incidirá en la conservación de la diversidad del be en esta región; también puede ser relevante desde una perspectiva social, pues puede contribuir al aprovechamiento sustentable de los recursos naturales, el mantenimiento del saber tradicional y la mejora de la calidad de vida de las comunidades inmersas en la zona de encinares de la rebiosh.



Profesora por horas, Facultad de Ciencias Biológicas/colaboradora del Centro de Investigación en Biodiversidad y Conservación (cibyc), Universidad Autónoma del Estado de Morelos (uaem)



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